
La información provista por la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio explica que la influencia humana ha provocado la mayor pérdida irreversible de la biodiversidad de la Tierra, en los últimos 50 años. Este proceso ha estado marcado por un incremento sustancial de beneficios económicos para grupos minoritarios y, aunque por una parte, esto ha significado avances en ciertos ámbitos de la actividad humana (tecnológicos, médicos, entre otros), por otra, tuvo como consecuencias una progresiva degradación ambiental y la exacerbación de la pobreza, disminuyendo substancialmente los beneficios de los ecosistemas y tornando más grande la barrera para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
Desde esta perspectiva, entre las amenazas directas para la conservación de la biodiversidad, más estrechamente vinculadas a las lógicas económicas, tenemos: patrones de consumo insostenibles, fallas en los mercados y distorsiones en las políticas.
Así, para mantener los patrones de consumo actuales las economías industriales requieren cantidades insostenibles de energía y materias primas, y producen grandes volúmenes de desechos y de emisiones contaminantes.
Por otro lado, los mercados no incluyen los costos ambientales completos de la producción y el consumo. Estos fallos se ven frecuentemente agravados por marcos políticos e institucionales inapropiados. La falta de mercados, o la existencia de mercados débiles, para los productos y servicios sostenibles, socava los incentivos para que se adopten métodos de producción ambientalmente beneficiosos.
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