
La equidad social -en el contexto de las iniciativas de conservación y desarrollo sostenible- es un conjunto de prácticas tendientes al abordaje y superación de todas las formas sociales, económicas, culturales y políticas de exclusión e iniquidad. Para el efecto se proponen mecanismos concretos de redistribución de la riqueza, los recursos y las oportunidades, así como la construcción de un verdadero balance intercultural y de género en la toma de decisiones relacionados con proyectos y políticas en este ámbito.
Existe un reconocimiento general de que la pobreza es multi-dimensional y está determinada no sólo por los bajos ingresos económicos sino por la falta de bienes, capacidades, oportunidades, voces y seguridad de los medios de vida. La equidad social reconoce la importancia de contribuir a la erradicación de la pobreza para alcanzar sociedades más justas y equitativas y, al mismo tiempo, conservar y usar de manera sostenible los recursos naturales, pues son éstos los que proveen medios de subsistencia para las generaciones actuales y futuras.
En el mismo orden, la equidad de género busca reconocer el papel y la importancia del conocimiento de las mujeres y los hombres, respecto del mantenimiento de los ecosistemas y la seguridad de los medios de vida. Se reconocen las prácticas y contribuciones de las mujeres como aportes centrales para el desarrollo, la seguridad en la tenencia de la tierra, la agricultura sustentable y la soberanía alimentaria, la protección del conocimiento tradicional, los patrones de producción ecológicos y la construcción de alternativas de combate a la pobreza.
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